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Capítulo 2 – La Identidad Conceptual

Por Benjamín Björn

La identidad conceptual es ese territorio que a menudo llamamos “YO”. Es una identidad y a la vez es una opinión. Es el concepto que define quienes somos. Está conformado por la sumatoria de la experiencia emocional y vivencial que hemos acumulado a través de nuestro paso por el tiempo en el cuerpo que portamos. Es a menudo eso que llamamos “yo” pero ni de forma remota es en realidad quienes somos. Es solo un “software” o un “malware” que define quienes creemos ser. Muy pocas veces nos sentamos a revisarlo y por consiguiente llega un momento en que llegamos a creer que en realidad somos eso. Muchos de nosotros aún llevamos el pañal puesto según ese “yo” y a algunos les pesa más que a otros. Sin embargo, no se puede vivir en este mundo sin uno. Hasta Cristo tuvo su “yo”.

La identidad conceptual engloba o limita nuestra frontera de ser. De donde a donde llega tu “yo”. Algunos se encuentran totalmente solos aun cuando están rodeados y algunos incluyen dentro de sí hasta la tía periquita. Para algunas madres jamás llega el momento de soltar a sus hijos, pues ellos son parte de su identidad y para algunas personas perder aquello que poseen se trata de una mutilación de sí mismos.

Una de las observaciones más interesantes de esta situación la encontramos alrededor del Karma. El Karma es la ley del retorno, toda causa genera su efecto. Puede que no te gusten las palabras orientales y que seas muy cristiano, pero no puedes negar que se cosecha lo que se siembra y que todas las acciones retornan a su dueño de alguna forma, con la misma intención y fuerza con que salieron de su fuente. A veces es más fácil entenderlo como la ley de las consecuencias. Toda acción tiene su consecuencia. Ahora bien, hay acciones sutiles, acciones internas, acciones que no requieren de movimiento, y la identidad conceptual es una de ellas.

 

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Quien creemos ser define por completo el cómo nos trata la vida y define absolutamente como el arquitecto del sueño construye el escenario a recorrer. Al entrar en una habitación es esta identidad la que causa que a algunos los perros les muerdan mientras que a otros les muevan la cola. Es tan intenso, que a veces por la misma acera va un hombre bajo rayos con lluvia y otro a pleno sol.

La identidad conceptual es el Karma fundamental y no se hereda de vidas pasadas, se construye en esta vida a punta de decisiones emocionales e impactos empíricos.

Está tan enraizada que suele ser muy difícil cambiar, pues está “montada”. Un disco duro que está montado no puede modificar sus parámetros, hay que primero desmontarlo, modificarlo y volverlo a montar. El problema del “yo” es que desmontarlo tiene su truco. Para una mente sin preparación o para una persona sin ayuda, ejecutar una re programación de este tipo es virtualmente imposible. Siempre se necesita de un “mecánico” y de algunos trucos para lograrlo. También sucede que las personas no siempre saben por sí mismas lo que en realidad necesitan, es decir, saben lo que desean, pero no como lograrlo.

La preparación fundamental que uno debe tener es la “des identificación” es decir, llegar a reconocer primeramente que no “somos” lo que se pensamos “ser” y que el sistema de bio-sobrevivencia baje la guardia dándose cuenta que no desaparecerá si deja de ser lo que ha creído ser hasta ahora. A nadie le gusta sentir que no se “es” nada, hay personas que sostienen su título profesional para representar quienes son. “Yo soy médico” “yo soy abogado”, no puedes venir y decirles un día, “fíjese que usted no es nada”. A uno mismo, probablemente no le guste tampoco.

Uno debe estar ya preparado para lograr este cambio, debe haber llegado a un punto donde el cambio sea más deseado que la identidad antigua.

Debemos primeramente reconocer que no somos el cuerpo que portamos, somos la inteligencia que lo dirige. Luego, debemos atrevernos a reconocer que no somos nuestra inteligencia, sino más bien la energía que la manifiesta y por último no somos esa energía, sino la voluntad detrás de toda la acción. Al reconocer que somos voluntad y no forma, nos daremos cuenta de que todo cambio es posible y que podemos ser moldeables como el agua misma y ser ligeros como el viento. Los cambios en realidad no son difíciles con la consciencia adecuada.

Por último, el deseo de cambio y el enamoramiento por una nueva realidad, es tan atractivo como un día de compras sin límites económicos.

“Por disciplina muy pocos le han dado la vuelta al mundo pero por un antojo, muchísimos”

En mi experiencia personal y en mi trabajo de psicomago fotográfico, estoy preparado para realizar esos cambios, pero eso no significa que cualquier fotógrafo lo está, no trates eso en casa y sin supervisión de un experto. Tomar fotos es una cosa, hacer psicomagia es otra.

Feliz semana

Ben.

 

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